El dueño debe capacitarse para la educación de su perro

 Según estudios recientes, los comportamientos anormales de los perros son cada vez más frecuentes y de mayor magnitud. ¿Se puede imputar el hecho a los propietarios y al modo de vida actual?

Es evidente que el propietario busca la felicidad del animal, pero ¿donde está el verdadero problema? ¿Tiene el propietario todos los medios necesarios para garantizar esta felicidad? ¿No vive quizá pensando demasiado en sí mismo?

En primer lugar, debemos saber que un perro no es una terapia para una persona. Es el aliciente que proporciona una nueva relación, en la que cada cual pone su parte pero ninguno de ellos está allí para curar las heridas del otro. El dueño debe aprender a observar al perro y a imponerle unos límites, siempre respetando su condición de perro.

Uno de los aspectos primordiales es la elección de la raza. El dueño ha de estar capacitado para dar al perro la educación que necesita en función de su carácter. Si un perro que requiere autoridad cae en manos de un propietario indolente, el fracaso está asegurado.

Todos los perros son diferentes, y los dueños también. La educación entre la persona y el animal es la base para prevenir los comportamientos indeseados, sobre todo la agresividad.

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